Cárceles municipales de México recluyen juntos a asesinos, violadores e infractores cívicos

  • 23 Feb, 2018
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En “El Manicomio”, en una celda de la cárcel municipal de Rosa Morada, Nayarit, pueden recluir juntos a asesinos, secuestradores o violadores, con personas que manejaban pasadas de copas o que vendían en la calle sin permiso. Así es como operan las cárceles municipales en México, las cuales tienen la función de encerrar por horas a infractores cívicos.

Aarón Buenrostro, presidente municipal de Tala, Jalisco, dice: “¿Alguien que cometía una falta administrativa podía convivir con alguien que había cometido un asesinato? Te tengo que ser sincero, sí ha sucedido, porque teníamos una saturación”.

Christian Frías, abogado penalista de Jalisco, denuncia: “Viola derechos humanos, pone en peligro su integridad física y personal”.

Ruth Villanueva, tercera visitadora de la CNDH, resalta que “violan la Constitución al tener otras funciones”.

En Tala, Jalisco, la cárcel municipal se ubica en el centro de la ciudad, a pocos metros de una escuela, del mercado y la plaza principal. Carece de las mínimas medidas de seguridad: no hay alambrado, cámaras, torre de control, ni personal especializado para la custodia de los reos. La vigilancia de los presos la hacen los policías municipales, cuya corporación tiene su base en la propia cárcel.

El alcalde de Tala, Aarón Buenrostro, señala que buscó sacar la cárcel de la zona centro y donó un terreno al estado para que construyeran un nuevo centro penitenciario, pero no tuvo éxito, ya que ni el gobierno de Jalisco ni las autoridades penitenciarias federales quisieron otorgar recursos.

La precariedad y el hacinamiento eran una constante. En 6 celdas de 4 x 3 metros llegaron a tener 100 presos.

Óscar Alejandro Contreras, encargado de la Comisaría de Seguridad Pública de Tala, Jalisco, explica: “Este es el tipo de cama que se realiza o realizaban los muchachos cuando tenían la sobrepoblación, como puede ver está hecha de lazo y básicamente son cobijas que están unidas de los barrotes de la celda hacia lo que es la escalera de la litera”.

En esta, como en el resto de las cárceles municipales de Jalisco, no hay médico, no hay escuela, no hay talleres. No hay actividades para la reinserción social, señala la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH).

Eduardo Sosa, primer visitador de la CEDH Jalisco, indica: “Son espacios de reclusión que no deberían estar a cargo de los ayuntamientos, carecen de personal especializado para ejercer acciones de custodia. Ni siquiera tienen normativa para sancionar cualquier incorrección al interior de los reclusorios”.

La misma situación se repite en las 100 cárceles municipales que hay en el país, concluye la CNDH. De la inspección realizada en 2016, encontró que las 3 peores son las de San Blas, Rosa Morada y Acaponeta, en el estado de Nayarit.

“El Chivo”, interno de la cárcel municipal de Rosamorada, Nayarit, narra: “Esta es mi cama, la de abajo. Tengo 3 cobijas abajo para que no me pase el frío del cemento, una cortina”.

La cárcel municipal de Rosa Morada es la segunda peor calificada por la CNDH, con punto 17 sobre 10.

La nueva autoridad municipal dice que busca mejorar las condiciones de los internos, les puso un refrigerador y televisión por cable.

Ramón Corona, director de Seguridad Pública de Rosamorada, Nayarit, explica: “Como pueden ver, aquí ya les trajimos una estufa, ya les vamos a poner una estufa donde tengan gas, donde puedan cocinar algunos de ellos que quiera cocinar a deshoras de su comida”.

Habla “El Chivo”, interno de la cárcel municipal de Rosamorada, Nayarit, explica cómo cocinan los internos.

-¿De dónde sacan las cosas que cocinan?

“La mercancía, el que tiene dinero encarga sus cosas de afuera, de la tienda, se le pide apoyo al guardia”.

En Acaponeta, las autoridades dicen que quieren mejorar el centro penitenciario: hicieron obras de remodelación y limpieza.

El secretario del Ayuntamiento rechaza que haya hacinamiento, ya que solo tienen 6 presos, por lo tanto, sobra espacio para los detenidos.

En San Blas, la cárcel con menos calificación de todas las municipales del país, con apenas punto cero 8 sobre 10, la directora municipal de Seguridad Pública determinó que no se podía grabar, a pesar de que su jefa, la alcaldesa ya había dado la autorización.

En 2016, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación en la cual exhortó a los gobiernos estatales a asumir su responsabilidad y sacar a los presos de esos lugares. San Luis Potosí y Tabasco fueron las únicas entidades que cerraron las cárceles municipales y trasladaron a los internos a las prisiones estatales.

El secretario de Seguridad Pública de Tabasco admitió que las cárceles municipales no cumplían con el objetivo de reinserción y que son lugares exclusivos para infractores cívicos.

Jorge Aguirre, secretario de Seguridad Pública de Tabasco, señala: “Estaban en la misma celda sentenciados, procesados, mujeres, hombres, adolescentes y cuestiones de infracciones administrativas”.

Algunas de las cárceles municipales de Tabasco que fueron cerradas, como la de Teapa, se habían hecho de manera improvisada y en los lugares menos pensados.

Jorge Armando Cano Gómez, presidente municipal de Teapa, Tabasco, dice: “Esto era el rastro municipal. Si se fijan acá tenemos todavía las argollas donde se colgaban los canales o se amarraban las cabezas de ganado. En su momento ya se rehabilitó para que fuera un reclusorio”.

En Jalpa de Méndez, el centro penitenciario que se ubicaba en el palacio municipal ahora es la Dirección de Tránsito, pero aún se observa lo que era la prisión.

Mientras que en Nacajuca, solo queda el recuerdo de una cárcel con una celda que fue nombrada “La casa del terror”, debido a que las personas que cometían faltas administrativas eran recluidos junto con delincuentes.

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